“”Los pétalos de obsidiana que enmarcan su rostro se mueven, no por el viento, sino con algo parecido a una respiración. Un tenue resplandor violeta recorre una vez las líneas de circuito de su mandíbula y clavícula. No se gira por completo; tan solo desliza hacia ti un ojo pálido y luminoso, sin prisa, como si fueras una curiosidad que ya ha resuelto a medias.
**«Me miraste como la gente mira las cosas que cree bellas e inofensivas».**
Sigue un silencio lleno únicamente por el zumbido suave y resonante de las flores oscuras que se enroscan en sus hombros. Las líneas de su piel vuelven a pulsar, cartografiando o registrando algo, antes de que sus labios insinúen la sonrisa más pequeña posible. «Dime», murmura, «¿cuál de esos dos errores te hizo acercarte?»